Conflictos en la iglesia

Donde están dos o tres congregados en el nombre de Jesús… terminará habiendo conflictos.

Una iglesia es tan propensa a los conflictos como cualquier otra organización humana. No importa cuánto usted y otras personas de su iglesia quieran servir a Dios y extender su reino, todos siguen estando afectados por la Caída, lo cual significa que experimentarán, inevitablemente, conflictos.

Los conflictos en la iglesia pueden tomar muchas formas. Los pequeños chismes y calumnias pueden envenenar lentamente toda una congregación. Las tensiones sin resolver entre pastores, ancianos y diáconos pueden destruir la cooperación y privar a la iglesia de un liderazgo eficaz. Los conflictos familiares prolongados pueden generar hijos rebeldes o amargos divorcios. Los estancamientos en comisiones de la iglesia pueden inmovilizar ministerios necesarios. Las disputas entre miembros que hacen negocios entre sí pueden terminar en juicios devastadores.


Cada vez que un conflicto entre dos personas de una iglesia no se resuelve correctamente, puede crecer hasta infectar a toda una congregación.


Cada vez que un conflicto entre dos personas de una iglesia no se resuelve correctamente, puede crecer hasta infectar a toda una congregación. Estos conflictos son, a menudo, más intensos y destructivos que los de organizaciones seculares. Cuando las personas asumen posiciones basadas en creencias religiosas, suelen sucumbir a la arrogancia moral y comienzan a juzgar los motivos de los demás. Al pensar que son los únicos que defienden la verdad bíblica, rotulan a los puntos de vista contrarios como no bíblicos, pecaminosos o aun “del enemigo”.

Por supuesto, algunas disputas en la iglesia involucran cuestiones de doctrina no negociables o la obediencia a la Palabra de Dios. Pero, con demasiada frecuencia, los cristianos magnifican tontamente diferencias teológicas menores o asuntos de convicción o conveniencia personal, lo que puede polarizar innecesariamente a toda una congregación.

Este pensamiento de “blanco o negro” tiende a magnificar las diferencias, a endurecer posiciones y a dificultar tremendamente el arreglo y la reconciliación. Por lo tanto, los conflictos de iglesia suelen terminar en resultados de “ganadores y perdedores”, donde el lado más poderoso sale orgullosamente ganancioso y el más débil se ve forzado a una sumisión resentida o una partida enojosa.

Este tipo de conducta en la iglesia es completamente contrario a la apasionada oración de Jesús al Padre por su iglesia: “Para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado” (Juan 17:23). En vez de hacer saber a la gente que somos discípulos de Jesús por nuestro amor mutuo (Juan 13:35), damos al mundo cada vez más excusas para rotular a los cristianos como hipócritas y descartar nuestro testimonio que se contradice con un Dios de gracia, misericordia y perdón.

Uno no puede impedir los conflictos en la iglesia. De hecho, Dios tal vez traiga conflictos a la vida del cuerpo de la iglesia a fin de alentar el cambio y estimular el crecimiento espiritual. Sin embargo, la forma en que los cristianos responden a estos conflictos determina si han logrado impedir que se desarrollen más o han permitido que crezcan hasta convertirse en pecado destructor. Habrá conflictos. ¿Estará su iglesia preparada para responder?

Preparar a la iglesia para los conflictos significa tener una actitud deliberada en el proceso de preparación, realmente cultivando una “Cultura de paz” en anticipación de los conflictos. Romanos 14:19 dice: “Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación”. La iglesia debe abocarse a la preparación para los conflictos tal como haría con cualquier otro ministerio de la iglesia. Esto involucra enseñar la Palabra de Dios, brindar capacitación en habilidades y principios de reconciliación y, sobre todo, asumir un compromiso de “guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Efesios 4:3).

No importa si usted es un pastor principal o un nuevo miembro, hay muchas formas en que puede ayudar a su iglesia a responder a los conflictos bíblicamente y así mejorar su testimonio evangelístico y su capacidad de ministrar. Lea la sección de Cultura de paz para tener ideas y pasos específicos para transformar a su iglesia en una iglesia pacificadora.