¿Puede ser la iglesia un foro de pacificación?

Un desafío para la iglesia local y sus miembros

Por David V. Edling, Jeffrey Dodd y Molly Routson

¿Cuál es la relación entre la Biblia, la iglesia local y Peacemaker Ministries? Basados en nuestro compromiso con la Palabra de Dios y su pueblo, la misión declarada de Peacemakers Ministries es “equipar y asistir a los cristianos y sus iglesias a responder a los conflictos bíblicamente”. Nosotros creemos que la iglesia local es un factor indispensable para que los cristianos puedan responder a los conflictos bíblicamente. La segunda de nuestras cuatro características dice así:

La responsabilidad de la Iglesia – Creemos que la pacificación es un ministerio esencial de la iglesia local, y no una tarea reservada para mediadores profesionales o abogados. Por lo tanto, alentamos a los cristianos a llevar conflictos no resueltos a la familia de su iglesia, que está llamada a restaurar la paz promoviendo la justicia y la reconciliación bíblicas (ver Mateo 18:17; 1 Corintios 6:4; Efesios 3:10; Hebreos 13:17).

A menudo nos preguntan por qué y de qué forma la iglesia local debería servir a su Señor y a sus miembros en el área de la pacificación bíblica. Nunca es fácil pensar en las demandas éticas que impone la Biblia a la iglesia; las implicaciones de los mandatos bíblicos con relación a la práctica efectiva de la resolución bíblica de conflictos en la iglesia son poderosas y ciertamente no “políticamente correctas”, especialmente en nuestra cultura estadounidense al inicio del siglo XXI. Es nuestra esperanza y oración que quienes lean esto buscarán la fidelidad bíblica por sobre la comodidad cultural.

¿Debe la iglesia ser también un tribunal?

El filósofo danés Soren Kierkegaard (1813-1855) señaló una vez: “Es tan difícil creer porque es tan difícil obedecer”. El vínculo entre la creencia y la acción consecuente –la obediencia– sigue siendo una importante piedra de tropiezo para los individuos cristianos. Podemos decir que realmente creemos en algo, pero sin no actuamos consecuentemente con esa creencia, ¿terminan nuestras acciones por desmentir nuestras palabras? James W. Sire, en su libro Habits of the Mind – Intellectual Life as a Christian Calling,1 capta el dilema cristiano entre la creencia y la obediencia al preguntar: “Si la creencia requiere obediencia, entonces ¿cómo puedo creer y no obedecer?”. La lucha de Pablo con esa pregunta se registra en Romanos 7:14-24: “Aunque deseo hacer lo bueno, no soy capaz de hacerlo” (7:18). Para el creyente individual, Pablo ofrece una respuesta en el capítulo siguiente: “Los que viven según la naturaleza pecaminosa no pueden agradar a Dios… pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán” (Romanos 8:8, 13).

¿Pero qué pasa si la iglesia, como cuerpo corporativo, sabe lo que se requiere de ella pero no pone en acción los pasos que este conocimiento requiere? Este artículo ofrece una forma de estrechar esta brecha entre la creencia y la obediencia en la iglesia confrontando el modus operandi habitual de la iglesia al tratar con los conflictos.

La Biblia exige que la iglesia local sea el foro para resolver todos los conflictos y disputas entre sus miembros cristianos profesantes.


La Biblia exige que la iglesia local sea el foro para resolver todos los conflictos y disputas entre sus miembros cristianos profesantes

Lo que sostenemos es que la Biblia exige que la iglesia local sea el foro para resolver todos los conflictos y disputas entre sus miembros cristianos profesantes. En otras palabras, este artículo intenta explicar que toda iglesia que no está dispuesta a ser un foro de pacificación no está cumpliendo fielmente con toda su comisión bíblica. Si bien esto es, para la mayoría de los cristianos, una propuesta exigente y aun urticante con relación a la iglesia, estamos persuadidos de que es lo menos que le exige el Señor a sus hijos. Lo desafiamos a examinar las Escrituras por usted mismo a la luz de nuestro argumento y ser alentado por la promesa de Dios de que no nos pide hacer nada que su Espíritu no nos permitirá hacer por su gracia.

La tesis de que la iglesia debería estar brindando este tipo de foro para la justicia y sus implicaciones negativas son algunas de las inferencias lógicas de 1 Corintios 6:1-8:

Si alguno de ustedes tiene un pleito con otro, ¿cómo se atreve a presentar demanda ante los inconversos, en vez de acudir a los creyentes? ¿Acaso no saben que los creyentes juzgarán al mundo? Y si ustedes han de juzgar al mundo, ¿cómo no van a ser capaces de juzgar casos insignificantes? ¿No saben que aun a los ángeles los juzgaremos? ¡Cuánto más los asuntos de esta vida! Por tanto, si tienen pleitos sobre tales asuntos, ¿cómo es que nombran como jueces a los que no cuentan para nada ante la iglesia? Digo esto para que les dé vergüenza. ¿Acaso no hay entre ustedes nadie lo bastante sabio como para juzgar un pleito entre creyentes? En vez de esto, un hermano demanda a otro, ¡y esto ante los incrédulos!

En realidad, ya es una grave falla el solo hecho de que haya pleitos entre ustedes. ¿No sería mejor soportar la injusticia? ¿No sería mejor dejar que los defrauden? Lejos de eso, son ustedes los que defraudan y cometen injusticias, ¡y conste que se trata de sus hermanos!

Una cuestión de jurisdicción

El lenguaje que encontramos en 1 Corintios 6:1-8 surge del contexto del capítulo anterior, donde Pablo encontró necesario amonestar a una iglesia local específica, cuyos miembros conocen a la persona involucrada y los detalles de la situación, por no ejercer adecuadamente su derecho y responsabilidad de disciplinar a un miembro. Los versículos 12 y 13 del capítulo 5 dejan en claro que Pablo considera que la iglesia tiene la autoridad para hacer este tipo de juicios:

¿Acaso me toca a mí juzgar a los de afuera? ¿No son ustedes los que deben juzgar a los de adentro? Dios juzgará a los de afuera. “Expulsen al malvado de entre ustedes”.

La nota al pie de la NIV Study Bible para estos versículos (12 y 13) dice: “La iglesia debe ejercer disciplina espiritual sobre los creyentes profesantes en la iglesia (Mateo 18:15-18), pero no debe juzgar al mundo no salvo. Hay autoridades gobernantes para hacer esto (Romanos 13:1-5), y el juicio último del mundo debe ser dejado a Dios (Apocalipsis 20:11-15)”.2

Siguiendo con el tema de la jurisdicción (es decir, la autoridad relacional para ejercer juicios vinculantes), Pablo esboza el corolario al declarar cuán inconsistente es que los cristianos acudan fuera de la iglesia, “al mundo”, para los juicios. La nota al pie de la New Geneva Study Bible para el primer versículo del capítulo 6 dice, en parte: “Los errores de los corintios con relación a las acciones legales son una expresión del problema ya tratado en el capítulo 5, a saber, una débil doctrina de la iglesia. Así como los cristianos no son responsables de regular la vida de los no cristianos, tampoco los no cristianos tienen el poder de disciplina en la iglesia”.3

Pablo entonces usa un fuerte lenguaje burlón de condena para demostrar lo absurdo de que los cristianos acudan ante incrédulos para resolver sus disputas: “¿Cómo es que nombran como jueces a los que no cuentan para nada ante la iglesia?… ¿Acaso no hay entre ustedes nadie lo bastante sabio como para juzgar un pleito entre creyentes?” (1 Corintios 6:4, 5). ¡Usa este lenguaje para “avergonzar” a la iglesia! Lamentablemente, esto es exactamente lo que necesita la mayoría de las iglesias para entrar en razones. La iglesia local tiene la seria responsabilidad de ejercer la jurisdicción que Dios le ha asignado. El no ejercer esa jurisdicción –al no estar preparada para ser un foro viable para la resolución de conflictos cristianos– resulta en una gran vergüenza para la iglesia y para la cabeza de la iglesia, el Señor Jesucristo.

La motivación de la iglesia: la reputación de Cristo

Dos de las preguntas más fuertes planteadas en todo el Nuevo Testamento se encuentran en el versículo 7 del capítulo 6: en vez de permitir que respuestas pecaminosas despedacen a la iglesia a través de la litigación mundana, “¿No sería mejor soportar la injusticia? ¿No sería mejor dejar que los defrauden?”. Sólo cristianos que creen en la Palabra de Dios y que creen que la obediencia es evidencia de esa creencia pueden considerar seriamente este tipo de preguntas.

La historia de la iglesia está llena de cristianos que se enfrentaron a preguntas similares y que escogieron la tortura y la muerte antes que ver el nombre de Cristo deshonrado a través de sus acciones acomodaticias, o de sus inacciones. Thomas Hawkes, un británico del siglo XVI condenado como hereje durante el reinado de la reina católica María, es un buen ejemplo de alguien que renunció a su fortuna y a su vida por el bien de “el nombre” y el evangelio.

Poco antes de morir, algunos de los amigos de Hawkes le pidieron un favor. Temían por sus propias vidas y se preguntaban cuánto tiempo podría mantenerse la fe en medio del fuego. Hawkes acordó levantar su mano por sobre su cabeza si el dolor era tolerable y su mente seguía en paz. ¡Cuando había estado en el fuego tanto tiempo que ya no podía hablar, su piel se había encogido, sus dedos se habían quemado y todos pensaban que estaba muerto, de pronto levantó sus brazos quemados por sobre su cabeza y aplaudió tres veces! Las personas que estaban ahí –especialmente los que habían entendido el gesto– rompieron en gritos de alabanza y aplausos mientras Thomas Hawkes sucumbió al fuego y entregó su espíritu.4


Pero sólo porque no preveamos el martirio no significa que el nivel de la obediencia cristiana ha disminuido.

En los países modernos no esperamos hacer este tipo de sacrificio por Cristo. Pero sólo porque no preveamos el martirio no significa que el nivel de la obediencia cristiana ha disminuido. En nuestro caso, contestar las fuertes preguntas del versículo 7 podría significa renunciar a un derecho de recuperación de otro cristiano si existe alguna posibilidad de que el nombre de Cristo sea desacreditado, la reputación de la iglesia sea cuestionada o la credibilidad de la comunidad cristiana sea puesta en duda. Nuestro “martirio” moderno podría consistir en sufrir una pérdida material a fin de resolver una disputa de una forma que dé gloria a nuestro Señor y demuestre su gracia.

Romanos 12:18 ordena: “Si es posible, y en cuanto dependa de ustedes, vivan en paz con todos”. ¿Cuánto es “en cuanto dependa de ustedes”? Proponemos que es mucho más de lo que la gente suele hacer. De hecho, el desafío de Pablo a los corintios es similar a la directiva de Jesús en el Sermón del Monte: ofrecer la otra mejilla, recorrer la milla adicional, preferir ser perjudicado y engañado si dicho autosacrificio preservará la unidad del cuerpo y dará honra al nombre de Cristo. Demasiado a menudo leemos acerca de héroes de la fe, como Thomas Hawkes, y los admiramos, sin reconocer que nuestro Señor nos está llamando al mismo grado de obediencia. Nuestro sacrificio tal vez no parezca tan grande, pero nuestra obediencia sigue siendo igualmente crucial: ¿tenemos la valentía de hacer hoy lo que Thomas Hawkes hizo en 1555?

Afortunadamente, Dios brinda a su pueblo un remedio para las consecuencias de la hipocresía: el foro de la iglesia. Al proveer un foro para la resolución bíblica de conflictos, la iglesia local ayudará a sus miembros a evaluar la validez de sus reclamos y contestar las dos preguntas incisivas del versículo 7. En efecto, nuestro Señor está diciendo: “¡Acudan a la iglesia! La iglesia es el lugar donde resolver sus diferencias y disputas. Mi iglesia es el lugar donde encontrar respuestas, justicia y una resolución de estas cuestiones que los están distrayendo, para que puedan volver a la tarea que les he dado. ¡Piensen eternamente! Pongan estas cuestiones de disputa en el contexto más amplio de la eternidad, y recuerden su verdaderas prioridades”.

La pacificación desde una perspectiva eterna en la iglesia

Si bien contestar la pregunta de Pablo: “¿No sería mejor soportar la injusticia?” ciertamente es una cuestión de fe y obediencia, nuestra identidad en Cristo nos ayuda a evaluar nuestras posesiones temporales, reputación y derechos desde una perspectiva eterna. Dios espera que su pueblo elegido –aun el actual– posea la misma perspectiva y actitudes que los santos de antaño. Hebreos 11:13-16 captura el espíritu de esa cosmovisión:

Todos ellos vivieron por la fe, y murieron sin haber recibido las cosas prometidas; más bien, las reconocieron a lo lejos, y confesaron que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. Al expresarse así, claramente dieron a entender que andaban en busca de una patria. Si hubieran estado pensando en aquella patria de donde habían emigrado, habrían tenido oportunidad de regresar a ella. Antes bien, anhelaban una patria mejor, es decir, la celestial. Por lo tanto, Dios no se avergonzó de ser llamado su Dios, y les preparó una ciudad.

Cuando usted es perjudicado y busca auxilio, ¿es capaz de pensar primero en su identidad en Cristo, como un ser mortal finito con un futuro infinito en la eternidad? Entonces, ¿puede decirse a sí mismo: “Dado que la iglesia ha sido instituida por Dios como el cuerpo de Cristo en la tierra, haré todas las cosas de acuerdo con el plan de Dios, incluyendo el llevar mi necesidad de reconciliación a los que están en autoridad en la iglesia”? Si usted contesta “no”, o si la iglesia no puede brindarle una forma de auxilio, lo instamos a reevaluar la autenticidad de su obediencia a la Palabra de Dios.

Estas son palabras desafiantes y pensamientos desafiantes, pero el lenguaje de Pablo no era menos directo. Sus palabras, inspiradas por el Espíritu Santo, han sido preservadas para nosotros a través de la providencia de Dios para que pudiéramos ser desafiados y confrontados con sus implicaciones para nuestra vida hoy. Creemos que las implicaciones de 1 Corintios 6:1-8 exigen que todos los cristianos piensen en su relación con la iglesia, con el mundo y con la eternidad. La iglesia local debe hacerse algunas preguntas duras acerca de la jurisdicción y el foro. Específicamente, ¿cómo contestará su iglesia preguntas como éstas?

1. ¿Quiénes pueden participar de las bendiciones y beneficios del cuidado pastoral a través de la pacificación?

2. ¿Por quiénes esperan los oficiales de la iglesia tener que rendir cuentas antes Dios (ver Hebreos 13:17)?

3. Si los cristianos no deben acudir a los tribunales seculares para la resolución de disputas con otros cristianos, ¿dónde se supone que deben ir?

4. ¿Qué disputas entre cristianos deben ser resueltas en la iglesia, a la luz del lenguaje de 1 Corintios 6:1-8?

5. ¿Cómo debe organizarse la iglesia para que los miembros de la iglesia puedan recibir ayuda en los conflictos?

6. ¿Qué capacitación necesitan los líderes de la iglesia a fin de estar calificados para resolver conflictos?

Podríamos hacer muchas otras preguntas acerca de las implicaciones de 1 Corintios 6:1-8. La cuestión, sin embargo, es evaluar cómo la iglesia puede servir a sus miembros a fin de impedir que se deshonre el nombre de Cristo. Creemos que una respuesta tremendamente práctica es ser una iglesia que ejerce jurisdicción sobre los miembros de la iglesia (es decir los hace rendir cuentas ante los mandatos bíblicos sobre la pacificación) y brinda un foro viable a través del cual puedan resolverse las disputas.

Una excusa habitual

Hay quienes dirán que la típica iglesia de hoy no tiene los recursos para brindar este nivel de cuidado para sus miembros. No creemos que esta sea una excusa legítima. En la base de nuestra convicción está la promesa de Cristo de que su iglesia sería edificada y las puertas del infierno no prevalecerían contra ella. ¿Cree usted que esto se cumple para la iglesia? ¿Es así de fuerte el cuerpo de Cristo? Si lo es, entonces la excusa no es creíble. Una de las acusaciones más habituales y frecuentes que presentan los incrédulos contra la iglesia hoy es el cargo de hipocresía. ¿Está la iglesia dispuesta a demostrar el poder del Espíritu Santo que vive en ella siendo realmente el cuerpo de Cristo, ejerciendo una autoridad como la de Cristo para resolver conflictos y disputas entre sus propios miembros?


La iglesia que cree en Dios debe estar dispuesta a ejercer su autoridad, porque la obediencia es la única prueba de la creencia

Esta pregunta nos retrotrae a la afirmación de Kierkegaard: “Es tan difícil creer porque es tan difícil obedecer”. ¡La cuestión es la obediencia! La iglesia que cree en Dios debe estar dispuesta a ejercer su autoridad, porque la obediencia es la única prueba de la creencia. Creer la proclamación de Cristo acerca de su iglesia significa demostrar obediencia en cada uno de los aspectos que presenta la revelación bíblica.

Por favor reflexione acerca de las instrucciones de la Biblia para usted y su iglesia, y luego conteste esta pregunta: “Si la creencia requiere obediencia, ¿cómo puedo creer y no obedecer?”. Recuerde que, junto con los muchos mandamientos de Dios siempre están sus promesas. Al considerar cómo re-formar la iglesia para que sea un foro para la resolución bíblica de conflictos, tengamos siempre en cuenta el gran aliento del apóstol Pablo en 1 Tesalonicenses 5:24: “El que los llama es fiel, y así lo hará”.

Traducción: Alejandro Field


Notas

1 Sire, James W., Habits of the Mind (InterVarsity Press, Downers Grove, 2000).

2 The NIV Study Bible (Zondervan, Grand Rapids, 1985).

3 New Geneva Study Bible (Thomas Nelson Publishers, Nashville, 1995).

4 Foxe’s Christian Martyrs of the World (Barbour Books, Uhrichsville, Ohio, 1989).


David V. Edling tiene una maestría en teología de Westminster Theological Seminary en California y un doctorado en jurisprudencia de California Western School of Law. Es un Asesor de Ministerio experimentado de Peacemaker Ministries (www.peacemaker.net), un ministerio internacional dedicado a equipar y ayudar a los cristianos y sus iglesias a responder a los conflictos bíblicamente.

Jeffrey Dodd perteneció al personal de Peacemaker Ministries entre 2000y 2002. Está estudiando actualmente para una maestría en literatura en Eastern Washington University.

Molly Routson fue una pasante en Peacemaker Ministries en el verano de 2003. Actualmente está estudiando para una maestría en divinidades de Westminster Theological Seminary en Philadelphia.