Conocer la gloria de Dios en la reconciliación

Reseña

Como muchos de ustedes se dan cuenta, la pacificación es un tema muy práctico para enseñar y para practicar. Enfrentamos conflictos en nuestras vidas y nuestros ministerios constantemente, y la pacificación brinda una herramienta para que resolvamos estos conflictos de una forma constructiva.

Sin embargo, si sólo vemos la pacificación como una herramienta para solucionar problemas, pasamos por alto dos preocupaciones importantes en el llamado de Dios para que seamos pacificadores. El Rdo. Alfred Poirier, presidente de la Junta Directiva de Peacemaker Ministries, enseñó recientemente acerca de estos temas a una reunión de líderes de seminarios en India. Mostró, en primer lugar, que nuestro papel como pacificadores está arraigado profundamente en lo que la Biblia dice acerca de Dios y, en segundo lugar, que Dios nos llama a reflejar su carácter como pacificadores en todo lo que hacemos.

La pacificación no es sólo una herramienta, sino una forma de vida –un “hábito del ser”– para el pueblo de Dios.

La pacificación forma parte de la naturaleza misma de Dios y de cómo obra en este mundo. Comenzando por Génesis 3, el conflicto y la reconciliación abarcan la trama dramática de la Biblia. Este drama culmina con la muerte y la resurrección de Cristo, cuya obra logró la reconciliación de todas las cosas con Él (ver Colosenses 1:19, 20).

Éxodo 32 a 34 nos da una “instantánea” de cómo Dios trabaja como pacificador en la historia humana. En este pasaje, Moisés media a favor del pueblo de Israel, cuya idolatría había ofendido profundamente a Dios. Corren peligro de perder la seguridad de la presencia de Dios o de ser consumidos por su ira, pero Moisés termina por recibir la tranquilidad de que Él continuará morando por gracia con su pueblo.

Moisés también le pide a Dios: “Te ruego que me muestres tu gloria” (Éxodo 33:18), para que pudiera saber cómo Dios quiere que conduzca a los israelitas “duros de cerviz”. La respuesta del Señor a Moisés es tan significativa para la relación de Israel con Dios que se repite a lo largo de la Biblia (ver, por ejemplo, Nehemías 9:17, Salmos 86:15, Joel 2:13). Dios dice a Moisés que Él es:

“¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado…” (Éxodo 34:6, 7a).

Si bien Dios podría haber revelado cualquiera de sus atributos a Moisés –su justicia, su inmutabilidad, su poder– Él escoge enfatizar su misericordia. Dios muestra a Moisés que su gloria es la gloria de un Dios reconciliador.

El Evangelio de Juan retoma estos temas de Éxodo sobre la gloria de Dios, su gracia y su presencia entre su pueblo. Llegan a su clímax en Cristo, quien “habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14). En la vida, muerte y resurrección de Jesús, Dios termina por revelarse como un Dios pacificador. Además, Cristo dice a sus seguidores que seremos reconocidos como hijos de Dios cuando imitemos el carácter de Dios en la reconciliación (Mateo 5:9; Juan 13:35; 17:23).

A lo largo de la Biblia, Dios llama a su pueblo a ser pacificadores en su ser mismo, y no a considerar a la pacificación como una mera herramienta para ser usada ocasionalmente. Esta forma de entender la Biblia tiene implicaciones importantes para la pacificación en todo el mundo.

Ante todo, nos damos cuenta de que el ministerio de la pacificación toca el corazón mismo de la obra de Dios en este mundo. Peacemaker Ministries fue fundado para facilitar la reconciliación en conflictos legales de Estados Unidos, pero ahora vemos a pacificadores en todo el mundo que aplican la Palabra de Dios a conflictos difíciles en familias, iglesias y aun en países. A menudo es desafiante aplicar la Biblia cuando las tradiciones culturales se resisten al proceso de pacificación de Dios pero, al saber que Él se deleita en mostrar su gloria en la reconciliación, nos alienta a perseverar en situaciones difíciles.

También hemos visto que el conflicto y la resolución son la historia misma de la Biblia. Hay muchas culturas que apreciarán esta forma de leer la Biblia porque se comunican principalmente a través de la narración antes que por el discurso. Si bien un público de Estados Unidos podrá disfrutar de aprender acerca del carácter de pacificación de Dios a través de la enseñanza de Pablo en Romanos 5:1–11 o en 2 Corintios 5:18–20, un público de otra cultura podría aprender esta lección más eficazmente haciendo énfasis en la historia de cómo Dios revela su carácter pacificador a Moisés en Éxodo 32 a 34. Estas son dos perspectivas de la misma Palabra de Dios, y juntas nos brindan formas complementarias de enseñar la pacificación en todo el mundo.

Lo que significa todo esto es que la identidad esencial del cristiano –sea cual fuere la capacidad en la que está sirviendo– es “embajador de la reconciliación” (2 Corintios 5:18–20). Dios nos llama a ser sus embajadores de la paz dondequiera que nos haya colocado, incluyendo nuestro trabajo, familia y comunidad. Los seminarios no son sólo campos de entrenamiento para “pastores”, “maestros” y “evangelistas”, sino para pacificadores. Los abogados, empresarios y otros profesionales cristianos son también pacificadores, con un papel importante en la obra de reconciliación de Dios.

No importa dónde esté y cómo sirva a Dios, lo alentamos a comenzar a leer su Biblia buscando el carácter pacificador de Dios y a imitar su carácter como el Pacificador divino. Recuerde que la pacificación no es simplemente una herramienta para arreglar problemas, sino un “hábito del ser”, una forma de reflejar quiénes somos en Cristo en todas nuestras relaciones.