El Retrato de un Pacificador

Por Jim Soft, Miembro de la Junta Directiva de Peacemaker Ministries
Traducción por Lucymarie Cabrera

Uno de los elogios más extraños y profundos en toda la Biblia es atribuido a Bernabé: “Él fue un varón bueno, y lleno del Espíritu Santo y de fe” (Hechos 11:24). Ese pasaje continúa, “Y una gran multitud fue agregada al Señor.” Sin duda en parte atribuida a la misión de ánimo y pacificación de Bernabé. Romanos 5:1 enseña claramente que cuando un hombre ha sido justificado por la fe, él, tendrá la paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por lo tanto, la meta primaria del pacificador cristiano es dirigir a los hombres que se encuentra en conflicto hacia el Salvador.

Bernabé resolvió exitosamente tensiones y conflictos en cuatro niveles diferentes: (1) entre un individuo y un grupo (Hechos 9:20-31), (2) entre dos “razas” de personas (Hechos 11:19-26), (3) entre dos iglesias, Jerusalén y Antioquia (Hechos 15:1-35), y (4) entre dos individuos, Pablo y Juan (Hechos 13:13, 2 Tim. 4:11).

Cualquier hombre utilizado por Dios para resolver los conflictos entre grupos, las naciones, las iglesias, y los individuos es obviamente un hombre cuyo carácter vale emular. F. F. Bruce dice de este hombre bueno y extraordinario, lleno del Espíritu Santo y fe, “según Lucas, fue Bernabé, que por sus buenos oficios (carácter), unieron a Pablo con los líderes de Jerusalén. Aunque Pablo no señale nada al respecto, es probable que alguien actuó como mediador, y todo lo que sabemos de Bernabé sugiere que él fuera el hombre que actuara de esta manera”.

Es interesante notar, que en vez de proporcionar un método o técnica para la mediación, la Escritura proporciona un perfil del carácter de la persona que fue utilizada por Dios para unir a estas personas. Aunque las técnicas de mediación son importantes, la mejor técnica fallará si el mediador carece de las calidades ejemplificadas en el carácter de Bernabé.

Bernabé fue un hombre de consolación (Hechos 4:36). Su nombre verdadero fue José el levita, sin embargo por el resultado de sus actitudes y acciones, los discípulos le pusieron por sobrenombre Bernabé, que significa “Hijo de Consolación”. Dondequiera que Bernabé es mencionado en la Biblia, siempre existe la actividad de ánimo o consolación (Hechos 11:23; 14:22; 15:31).La palabra ánimo se deriva del griego parakaleo. Esa palabra viene de la misma raíz que Jesús utilizó para describir al Espíritu Santo cuando dijo, “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador…”. (Juan 14:16).

Bernabé fue un hombre que se regocijó. Hechos 11:23 y 15:3 revelan que él trajo gran alegría a todos los hermanos. Proverbios 17:22 nos recuerda que “El corazón alegre constituye buen remedio; (terapéutico y reconstituyente) más el espíritu triste se seca los huesos”. Como Bernabé, un pacificador debe tener buena presencia y ser una persona con quien sea una alegría estar asociada.

Bernabé estuvo lleno del Espíritu Santo (Hechos 11:24). El requisito previo más importante de un pacificador exitoso es de estar lleno del Espíritu Santo, porque el Espíritu desarrolla en nosotros un carácter pacífico (Gálatas 4:22; cf. 6:1). Romanos 8:6 enfatiza este hecho cuando dice, “Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.” Porque Bernabé fue un hombre lleno del Espíritu Santo, su impacto de pacificación fue una consecuencia natural del trabajo que Dios estaba haciendo en su vida.

Bernabé fue un hombre del valor (Hechos 9:26-27). Bernabé fue quien se tomó un riesgo calculado, cuando los discípulos fueron escépticos sobre la conversión genuina del Apóstol Pablo (Hechos 9:26-27). El tuvo el valor de reunir a los discípulos con el anterior terrorista de la fe cristiana. Valor semejante es descrito luego en Hechos 14: 19-23, que describe el retorno de Bernabé y Pablo a Listra, siendo ellos previamente apedreados por llevar las enseñanzas. Ronald Kraybill, en su libro “Reparando la Infracción”, establece “Una lección que he aprendido de la participación en el conflicto, es que si los que son llamados a la pacificación esperan por la seguridad o la certeza de su papel, nunca empezarán”.

Bernabé fue un hombre de perseverancia (Hechos 13:50; 14:21-24). La perseverancia no significa estupidez terca. ¡Significa la persistencia en la tarea emprendida! Después de ser presionados para salir de Listra a causa de la multitud que se amotinaba, Pablo y Bernabé esperaron un tiempo razonable y luego regresaron para completar la tarea, “fortaleciendo a los discípulos y animándolos a perseverar en la fe. “Es necesario pasar por muchas dificultades para entrar en el reino de Dios”, les decían ” (Hechos 14:22). El seguimiento es parte integral del gran proceso de conciliación, traer a los hombres a Dios.

Bernabé fue un hombre de observación (Hechos 11:25-26). El desarrollo de una iglesia predominantemente gentil como la de Antioquia, proporcionó una base potencial para la actividad misionera entre los gentiles. Pero la presencia de gentiles en la iglesia de Antioquia arriesgó la relación con los cristianos judíos en Jerusalén. Para solucionar esa situación, Bernabé buscó la ayuda de Pablo, un judío cristiano de sangre azul, para enseñar a los conversos en Antioquia y para reconciliar los malentendidos religiosos entre las dos iglesias. Claramente, Bernabé tuvo una mente investigativa y supo que (o quien) ameritaba la ocasión para su solución. Un pacificador necesita ser un observador astuto para poder prescribir el antídoto correcto para la enfermedad.

Bernabé aceptaba (Hechos 11:22-23). A diferencia de muchos cristianos judíos, él no rehuyó a los cristianos gentiles, sino se que regocijaba de que Dios los incluyera en su convenio. Posteriormente el Apóstol Pablo escribió, “Por tanto, recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios” (Rom. 15:7). Un pacificador siempre debe estar dispuesto a aceptar a las personas como ellos son, pero a su vez alentarlos con entusiasmo y exhortándolos a seguir adelante hacia actitudes y conductas más santas.

Bernabé fue un hombre con sentido del tiempo (Hechos 11:25-26). No sólo tuvo el discernimiento que Pablo iba a ser utilizado por Dios en una manera poderosa, pero también discernió cuando Pablo sería utilizado de esa forma. En Hechos 9:30-31, como resultado de su entusiasta debate, los hermanos enviaron a Pablo a Tarso para prevenir caos y amotinamientos en Jerusalén. Después de que Pablo hubiera experimentado diez a doce años reclutado en Tarso y una reprogramación en el desierto, Bernabé lo buscó y lo trajo a Antioquia para el inicio del ministerio más dinámico en la historia de la Iglesia cristiana.

Bernabé reconoció también cuando Juan no estaba listo para el campo misionero (vea Hechos 13:13). A diferencia de Pablo, sin embargo, él no consideró a Juan como una posibilidad permanente sino un error tardío. ¡Es afortunado que Bernabé reconociera el tiempo que necesitaba Juan de crecimiento y maduración, ya que posteriormente Juan ayudaría a Pedro a escribir sus epístolas! Juan también llegó a serle útil a Pablo en sus grandes años (2 Tim. 4:11).

Bernabé estuvo también dispuesto a confrontar a los demás (Hechos 15:2,36-37). El verdadero pacificador está dispuesto a confrontar a sus enemigos así como a sus amigos. Bernabé confrontó a Pablo acerca de Juan en Hechos 15:36-37 y fue temporalmente herido por la separación del hombre que fue su mejor amigo. Más tarde, sin embargo, quizás gracias a Bernabé, Pablo y Juan fueron reconciliados (vea 2 Tim 4:11).

Bernabé y Pablo confrontaron a los no creyentes con el evangelio, los Judaizantes con la verdad (Hechos 15:2), y cristianos hermanos con interpretaciones bíblicas apropiadas (Hechos 2:7). El valor para confrontar expone al pacificador a las malas interpretaciones y al rechazo, pero proporciona a Dios un canal por medio del cual El puede trabajar para producir el arrepentimiento y la conciliación.

Bernabé discernía (Hechos 11:22). Bernabé fue el escogido por la iglesia de Jerusalén para evaluar la validez del movimiento cristiano en Antioquia. Los ancianos de Jerusalén que enviaron a Bernabé a Antioquia, estaban seguros de sus habilidades de discernimiento y de pacificación. Un hombre de discernimiento mira tanto los motivos como los hechos.

Bernabé fue sumiso y responsable frente otros (Hechos 4:36-37). El fue un hombre de posición (un ciudadano romano) y medios (dueño de propiedades), mas él estuvo dispuesto a compartir su riqueza personal, negándose y dándolo todo por una causa más alta. Obviamente, Bernabé se sentía responsable frente a Dios. ¡No sólo fue Bernabé sumiso a Dios, él fue también sumiso a las personas de Dios! Hechos 14:26-27 revela que Pablo y Bernabé fueron responsables frente a su iglesia en Antioquia. El proceso de mediación no debe ser uno carente de autoridad responsable. Debemos sujetarnos unos a otros (Efesios 5:21).

Bernabé fue confiable (Hechos 11:27-30). Los cristianos gentiles en Antioquia levantaron los fondos para proporcionar el alivio a los cristianos judíos que se encontraban hambrientos y golpeados en Jerusalén. Bernabé pudo haber iniciado esa recolección para quitar cualquier escepticismo persistente en Jerusalén acerca de la validez de la fe cristiana de los gentiles en Antioquia.

Bernabé fue humilde (Hechos 14:8-14). Un mediador o pacificador siempre debe reconocer su papel como siervo de Dios. Cuándo Pablo y Bernabé fueron aclamados como dioses y venerados después de curar al hombre cojo (Hechos 14:8-9), ellos rápidamente corrigieron ese error y dirigieron la sanidad al Sanador Verdadero, Jesucristo (Hechos 14:14-18). A pesar del éxito de su misión de pacificación, el mediador siempre debe reconocer que él será “instrumento para propósitos nobles, hechos santos, útil al Maestro y dispuesto para toda buena obra” (2 Tim. 2:21).

Bernabé fue un hombre de fe (Hechos 11:24). Los que complacen a Dios y que son utilizados por El deben tener fe (Heb. 11). Sólo por la fe en las promesas de Dios somos asegurados que El estará en el medio del proceso de pacificación. Por la fe en El “la barrera, la pared que divide la hostilidad (Efesios2:8-16) será destruido. Como Bernabé, el pacificador debe ser motivado por la fe hacia las promesas de Dios.

Bernabé reconoció sus capacidades y limitaciones (Hechos 13:7). El incidente de la confrontación con el demoníaco ilusionista, Elimas, en Hechos 13:7 introdujo un cambio en el liderazgo de la iglesia. Hasta ese tiempo, Bernabé había sido reconocido como el líder de la iglesia en Antioquia y Chipre. Comenzando con el incidente en Hechos 13:7, Pablo llegó a ser la figura prominente. Bernabé reconoció que el principio “Es necesario que él crezca, pero que yo mengue (Juan 3:30)” estaba fundamentado en las capacidades humanas, en los roles, y en las limitaciones que Dios ha dado a cada uno de nosotros para una temporada en particular.

Bernabé fue ungido por Dios (Hechos 13:2-4). Dios llamó y ungió a Bernabé y a Pablo para el trabajo misionero, la última actividad de pacificación y conciliación. Dios permite a Sus sirvientes hacer Su trabajo. Necesitamos orar y velar por los individuos a quien Dios ha dado el talento o habilidad de ser pacificadores. Aunque cada cristiano sea responsable de actividades de pacificación en su propia esfera de influencia, ciertos individuos son talentosos, con habilidades especiales para la exhortación (Romanos 12:8). Dios ha llamado a Su cuerpo al proceso de la pacificación, y es lógico que El acomodara Su llamado, levantando a pacificadores ungidos.

Además de esas calidades específicamente demostradas por Bernabé en el libro de los Hechos, un pacificador debe desarrollar otras características esenciales, esenciales para el servicio cristiano. Primero, un pacificador debe desear servir (1 Tim. 3:1). El no será efectivo si él entra en este trabajo reaciamente o con poco entusiasmo. Esto no quiere decir que él deba gozar el inmiscuirse en los problemas de los demás, ni tampoco significa que un pacificador preferirá nunca inmiscuirse. Pero cuando la necesidad esta claramente ante él, por su amor para Cristo, él responderá incondicionalmente (Juan 12:24-26).

Un pacificador debe ser una persona de oración. Filipenses 4:6-7 habla de “la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento. …” Esa paz es un resultado de una vida sana de oración. Además, es por la oración que aprendemos a discernir la Voluntad de Dios y alinearnos a esa voluntad.

Un pacificador debe también amar la Palabra (Efesios 6:15). Los pies están calzadas “con el apresto del evangelio de la paz” (Efesios 6:15). La declaración “El Espíritu de Dios utiliza la Palabra de Dios en el hombre de Dios” revela la manera de Dios de proteger Su Palabra para que no sea mal usada. Los pacificadores efectivos deben ser estudiantes diligentes de Su Palabra.

Un pacificador debe ser una persona que “piensa lo correcto”. El “Dios de paz” está con el hombre que piensa en “todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre…” (Filipenses 4:8). Esto no significa que el pacificador es ingenuo o crédulo, sino que él ve la película entera. Recuerde, la falsificación es más fácil reconocerla cuando uno está completamente familiarizado con lo genuino.

Un pacificador debe estar dispuesto a practicar los principios y habilidades necesarias para resolver las disputas y mantener la paz (Filipenses 4:9). Dios puede utilizar a un principiante para ayudar a otros a resolver sus conflictos, de modo que nosotros no debemos esperar hasta que seamos expertos para ofrecernos a El como pacificadores. Al mismo tiempo, a Dios le encanta ver su pueblo cultivando su comprensión, los dones, y talentos a través del “uso constante” (Heb. 5:14) para que podamos llegar a ser cada vez más efectivos en servirle a El.

Los pacificadores deben estar dispuestos a ser vulnerables (Salmo 22). El pacificador más grande de todos, Jesucristo, se hizo vulnerable no sólo hasta la muerte, pero también al más cruel, deshumanizante, horroroso y loco método de ejecución jamás ideado por el hombre. Salmo 22:6-18 describe vívidamente el precio que Jesús pagó por la reconciliación del hombre con Dios. Aunque nosotros nunca seremos llamados a tal acto de expiación, nosotros somos llamados a ser imitadores de Cristo. Para hacer esto debemos adoptar la actitud sumisa que Jesús ejemplificó (Filipenses 2:3-7), y tal sumisión nos hará vulnerables.

En resumen, un pacificador debe ser sabio, esto es, capaz de responder a la vida a la manera de Dios. Cuando Pablo supo de los conflictos dentro de la iglesia de Corinto, él se lamentó, “sino que el hermano con el hermano pleitea en juicio, y esto ante los incrédulos…” (1 Corintios. 6:5). Santiago igualmente nos señala la conexión crucial entre la sabiduría, la pacificación, y las otras calidades mencionadas anteriormente:

“Pero en cambio, la sabiduría que desciende del cielo es ante todo pura, y además pacífica, bondadosa, dócil, llena de compasión y de buenos frutos, imparcial y sincera. En fin, el fruto de la justicia se siembra en paz para los que hacen la paz”. (Santiago 3:17-18).

Cualquier persona honesta rápidamente se dará cuenta que él no posee todas estas calidades en una forma completamente desarrollada. Pero eso no nos debe desalentar de servir al Señor como pacificadores, pues Dios promete equiparnos para las tareas que él pone antes nosotros. 1 Tesalonicenses 5:23-24 dice, “Que Dios mismo, el Dios de paz, los santifique por completo, y conserve todo su ser-espíritu, alma y cuerpo- irreprochable para la venida de nuestro Señor Jesucristo. El que los llama es fiel, y así lo hará”.