Usted Puede Parar la Matanza: Reflexiones sobre la Tragedia en Virginia Tech

Por Ken Sande, Presidente de Peacemaker Ministries
Traducido por: Lucymarie Cabrera

La masacre espantosa en Virginia Tech nos deja sintiéndonos aturdidos, confusos, y apenados. Pero usted no tiene que sentarse allí sintiéndose impotente; hay cosas que usted puede hacer para parar la matanza.

Aún cuando nos unimos en la efusión de lágrimas, de luto, y en las oraciones para los que han sufrido terriblemente, podemos encontrar una increíble guía al escuchar las palabras de Jesús, cuando habló acerca de una tragedia similar hace 2000 años atrás. Lucas 13:1-5 dice:

“En este tiempo estaban allí algunos que le contaban acerca de los galileos cuya sangre Pilato había mezclado con los sacrificios de ellos. Respondiendo Jesús, les dijo: ¿Pensáis que estos galileos, porque padecieron tales cosas, eran más pecadores que todos los galileos? Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente. O aquellos dieciocho sobre los cuales cayó la torre de Siloé, y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que todos los hombres que habitan en Jerusalén? Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente”.

Note que Jesús niega en atribuir el sufrimiento directamente a la maldad de una persona, como algunas personas son inclinadas a hacer (vea Juan 9:1-3). A su vez, El explica el por qué Dios permite que tales tragedias sucedan. Su Santa Palabra ha declarado, “Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley” (Deut. 29:29). Como Aquel que un día sufriría el mayor dolor y la más grande injusticia que el mundo podría ver jamás, Jesús ejemplificó una confianza completa, que nuestro Padre Celestial nos mira y que eventualmente asegurará la justicia perfecta para todos los que lo miran a él (vea 1 Pedro 2:21-23).

Sorprendentemente, Jesús cambia explícitamente nuestro foco lejos del interrogatorio del por qué algunas personas pecan y otros sufren, y nos insta a enfocarnos en nuestros propios pecados. “Pero a menos que usted se arrepienta, usted también en todo perecerá”. El arrepentimiento a que él se refiere a en este discurso es un arrepentimiento fundamentalmente del pecado, una convicción de que nos quedamos cortos en alcanzar la gloria de Dios, y la afirmación de nuestra necesidad de un Salvador que amablemente nos librará de todos nuestros pecados.

Pero el arrepentimiento genuino no es completado sólo con confiar en Jesús como nuestro Salvador. Si no que es algo continuo, buscando cada habitación y recamara de nuestras almas, tomando los pecados específicos, y, por la gracia de Dios, el tira fuera por la puerta para que no nos gobiernen y ni contaminen más.

Hay un acto de arrepentimiento que es especialmente apropiado que sigamos a la luz de las matanzas en Virginia Tech. Jesús lo describe en Mateo 5:21-23:

“Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego.

Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda”.

Jesús sabe cuán fácil es para nosotros ver los pecados de los demás, y cuán duro es para nosotros ver y arrepentirnos de los nuestros. De modo que él nos toma con sus palabras y nos agita con una declaración sorprendente: Si abrigamos ira en nuestros corazones, nosotros somos igual de culpables ante Dios como el hombre que realmente asesina a otra persona.

Aunque en este mundo el asesinato físico es castigado por consecuencias más severas, nuestro Santo Padre se ofende seriamente por los pecados de ira y de odio como por el pecado de halar el gatillo (Santiago 2:10-11). Cuando 1 Juan 3:15 advierte, “Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida”.

De modo que, ¿cómo quiere Jesús que usted responda a la masacre de Virginia Tech? Ciertamente, él quiere que usted ore y llore con los que han perdido a sus seres queridos (Rom. 12:15). Pero él le llama a ir más allá de llorar — y parar la matanza en su corazón. Si usted ha estado albergando ira, amargura, resentimiento, o falta de perdón hacia la otra persona, Jesús le llama al arrepentimiento de esos pecados por medio del perdón y reconciliación con esas personas, así como su Padre celestial le ha perdonado y reconciliado a si mismo por medio de Cristo (vea Col. 1:21, 3:12-14).

Si usted lee nuevamente Mateo 5:23-24, usted notará que ser reconciliado con otros es tan importante para nuestro Señor, que él nos ordena hacer de la reconciliación humana una prioridad más alta y constante, que el de adorar a Dios. La razón de esta sorprendente reorganización de prioridades es señalada en 1 Juan 4:19-21:

Nosotros le amamos a él, porque él nos amo primero. Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano”.

En términos más sencillos, Dios nos dice que nosotros no lo podemos venerar en una manera aceptable si primeramente no nos amamos, perdonamos, o reconciliamos con las personas alrededor de nosotros, aún a los que nos han ultrajado repetidas veces (vea Lucas 6:27-36; Rom. 12:19-21).

Las enseñanzas de Jesús en Lucas 6:27-36 parecen nobles en teoría, pero ilusorias en la práctica. ¿Amar a mis enemigos? ¿Hacer el bien a aquellos que me odian? ¿Bendecir a aquellos que me maldicen? ¿Orar por aquellos que me maltratan? ¡Imposible!

Sí, es imposible. Completamente, totalmente imposible… al menos que usted se encuentre totalmente cautivado y deslumbrado y lleno por El único que lo amo tanto que dio su vida por usted mientras usted era aún su enemigo (Rom. 5:8).

Mientras más profundamente usted entiende y se deleite en el evangelio de Cristo–que Jesús murió y resucito para pagar por sus pecados y reconciliarlo con Dios, más aún usted querrá imitar su extraordinario amor y perdón, confiriéndolo como un regalo inmerecido a ésos alrededor de usted. Como 1 Juan 4:12 promete, “Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se a perfeccionado en nosotros”.

¿Qué si usted esta experimentando uno de esos maravillosos momentos de la vida cuando usted honestamente puede decir que ciertamente no hay ningún distanciamiento entre usted y cualquier otra persona? ¡Dé gracias a Dios por esta temporada de paz! Pero entonces, mire a su alrededor por aquellos que luchan con conflictos y relaciones destrozadas, oren por ellos, y pídanle a Dios que los use para ayudar a una de esas personas a aprender a cómo reconciliarse con otros, y mejor aún, con Dios.

Puede ser tan sencillo como descargar unas cuantas páginas de pautas prácticas de pacificación de nuestro sitio web, y entonces invitar a un amigo a tomar un café, donde usted pueda oír su historia y organizar un plan sencillo para reconciliar un hermano o una hermana, un padre o una madre, un amigo o un colaborador.

La masacre en Virginia Tech ha creado una ventana de oportunidades para aplacar la matanza que pasa cada día en los corazones de los seres humanos, y a veces se desborda en un verdadero derramamiento de sangre. No deje escapar esta oportunidad. Si usted espera, la persona de la cual usted está distanciando podría morirse mañana sin escuchar de sus propias palabras la confesión o el perdón. Un amigo, que quizás hoy pueda ser instruido, puede rechazar su consejo mañana.

No espere. Pare la matanza en su corazón y en los corazones de ésos a quien Dios puede tocar por medio usted. Vaya y sea reconciliado. Entonces venga y ofrezca su ofenda de adoración a Dios, quien le ha dado a usted el regalo de la paz y el perdón.