El Compromiso del Pacificador

Un compromiso con la resolución bíblica de conflictos

Como personas reconciliadas con Dios por la muerte y resurrección de Jesucristo, creemos que estamos llamados a responder al conflicto de una forma que sea marcadamente distinta de la forma en que el mundo encara el conflicto (Mateo 5:9; Lucas 6:27–36; Gálatas 5:19–26). También creemos que el conflicto brinda oportunidades para glorificar a Dios, servir a otras personas y crecer según la imagen de Cristo (Romanos 8:28,29; 1 Corintios 10:31–11:1; Santiago 1:2–4). Por lo tanto, en respuesta al amor de Dios y confiando en su gracia, nos comprometemos a responder al conflicto según los siguientes principios.

 Glorificar a Dios

En vez de centrarnos en nuestros propios deseos o detenernos en lo que otros podrán hacer, nos regocijaremos en el Señor y lo alabaremos, dependiendo de su perdón, sabiduría, poder y amor, mientras buscamos obedecer fielmente sus mandamientos y mantener una actitud amorosa, misericordiosa y perdonadora (Salmos 37:1–6; Marcos 11:25; Juan 14:15; Romanos 12:17–21; 1 Corintios 10:31; Filipenses 4:2–9; Colosenses 3:1–4; Santiago 3:17,18; 4:1–3; 1 Pedro 2:12).

Sacar la viga de nuestro propio ojo

En vez de culpar a otros por un conflicto o resistirnos a la corrección, confiaremos en la misericordia de Dios y asumiremos la responsabilidad por nuestra propia contribución al conflicto, confesando nuestros pecados a quienes hemos agraviado, pidiendo a Dios que nos ayude a cambiar toda actitud y hábito que lleve al conflicto, y buscando reparar todo daño que hayamos causado (Proverbios 28:13; Mateo 7:3–5; Lucas 19:8; Colosenses 3:5–14; 1 Juan 1:8,9).

 Restaurar humildemente

En vez de hacer de cuenta que el conflicto no existe o hablar de otros a sus espaldas, pasaremos por alto ofensas menores o hablaremos personal y amablemente con las personas cuyas ofensas parecen demasiado serias como para pasar por alto, buscando restaurarlas en vez de condenarlas. Cuando un conflicto con una persona cristiana no pueda ser resuelto en privado, pediremos a otras personas del cuerpo de Cristo que nos ayuden a solucionar el tema de una forma bíblica (Proverbios 19:11; Mateo 18:15–20; 1 Corintios 6:1–8; Gálatas 6:1,2; Efesios 4:29; 2 Timoteo 2:24–26; Santiago 5:9).

Ir y reconciliarnos

En vez de aceptar un arreglo prematuro o permitir que relaciones se marchiten, buscaremos activamente la paz y la reconciliación genuinas, perdonando a otros como Dios, por Cristo, nos perdonó a nosotros, y buscando soluciones justas y mutuamente beneficiosas a nuestras diferencias (Mateo 5:23,24; 6:12; 7:12; Efesios 4:1–3,32; Filipenses 2:3,4).

Por la gracia de Dios, aplicaremos estos principios como una cuestión de mayordomía, conscientes de que el conflicto es una oportunidad y no un accidente. Recordaremos que el éxito a los ojos de Dios no es una cuestión de resultados específicos, sino de obediencia fiel y dependiente. Y oraremos pidiendo que nuestro servicio como pacificadores traiga alabanza a nuestro Señor y lleve a otros a conocer su amor infinito (Mateo 25:14–21; Juan 13:34,35; Romanos 12:18; 1 Pedro 2:19; 4:19).