La Loma Resbaladiza

Los conflictos pueden hacer que la vida sea muy incómoda. A menudo nos encuentran con la guardia baja y nos llevan a decir o hacer cosas que luego lamentamos. Cuando alguien nos ofende, podemos reaccionar sin pensar. De pronto, es como si nos estuviésemos deslizando por una loma resbaladiza, yendo de mal en peor. Como muestra la ilustración, esta loma resbaladiza puede caer en dos direcciones.

Respuestas de escape

Las personas tienden a usar respuestas de escape cuando están más interesadas en evitar o alejarse de un conflicto que en resolverlo.

Negación – Una forma de escapar del conflicto es hacer de cuenta que un problema no existe. Otra forma es rehusarnos a hacer lo que debe hacerse para resolver un conflicto adecuadamente. Estas repuestas traen sólo alivio temporal y normalmente empeoran las cosas (ver 1 Samuel 2:22–25).

Huida – Otra forma de escapar del conflicto es huir. Esto puede tomar la forma de terminar una relación, renunciar a un trabajo, pedir un divorcio o cambiar de iglesia. La huida puede ser legítima en circunstancias extremas (ver 1 Samuel 19:9,10), pero en la mayoría de los casos sólo posterga una solución adecuada del problema.

Suicidio – Cuando las personas pierden toda esperanza de resolver un conflicto, pueden buscar escapar de la situación (o hacer un llamado desesperado de ayuda) intentando quitarse su propia vida (ver 1 Samuel 31:4). El suicidio nunca es la forma correcta de tratar un conflicto.

Respuestas de ataque

Las personas tienden a usar respuestas de ataque cuando están más interesadas en ganar un conflicto que en preservar una relación.

Agresión – Algunas personas tratan de vencer a un oponente usando diversas formas de fuerza o intimidación, como ataques verbales (incluyendo el chisme o la calumnia), violencia física o esfuerzos para dañar a una persona financieramente o profesionalmente (ver Hechos 6:8–15). Esta conducta siempre empeora los conflictos.

Litigio – Si bien algunos conflictos pueden ser llevados legítimamente ante un juez civil (ver Hechos 24:1–26:32; Romanos 13:1–5), las demandas generalmente dañan las relaciones, reducen nuestro testimonio cristiano y a menudo no logran una justicia completa. Por esto se les ordena a los cristianos que hagan todos los esfuerzos para arreglar sus diferencias dentro de la iglesia en vez de hacerlo en los tribunales civiles (1 Corintios 6:1–8; Mateo 5:25,26).

Asesinato – En casos extremos, las personas pueden estar tan desesperadas por ganar una disputa que intentarán matar a quienes se les oponen (ver Hechos 7:54–58). Si bien la mayoría de las personas difícilmente lleguen a matar a alguien, nunca debemos olvidar que podemos ser culpables de asesinato a los ojos de Dios cuando albergamos ira o desprecio en nuestro corazón hacia otros (ver 1 Juan 3:15; Mateo 5:21,22).

El evangelio, la clave para la paz

Los verdaderos pacificadores están guiados, motivados y facultados por el evangelio, las buenas nuevas de que Dios ha perdonado todos nuestros pecados y ha hecho la paz con nosotros a través de la muerte y resurrección de su Hijo (Colosenses 1:19,20). A través de Cristo también nos ha permitido librarnos del hábito de escapar del conflicto o atacar a otros, y nos ha facultado para llegar a ser pacificadores que pueden promover justicia y reconciliación auténticas (Colosenses 3:12-14).

Respuestas de paz

Pacificación personal

Hay tres formas bíblicas de resolver los conflictos personalmente y privadamente, sólo entre usted y la otra parte.

Pasar por alto una ofensa – Muchas disputas son tan insignificantes que deben ser resueltas pasando por alto silenciosamente una ofensa. “El buen juicio hace al hombre paciente; su gloria es pasar por alto la ofensa” (Proverbios 19:11). Pasar por alto una ofensa es una forma de perdón e involucra una decisión deliberada de no hablar de ella, pensar en ella o dejar que se transforme en amargura o ira contenidas.

Reconciliación – Si una ofensa es demasiado seria como para pasarla por alto o ha dañado nuestra relación, tenemos que resolver temas personales o relacionales a través de la confesión, la corrección amorosa y el perdón. “Si…tu hermano tiene algo contra ti…ve primero y reconcíliate con tu hermano” (Mateo 5:23,24). “Hermanos, si alguien es sorprendido en pecado, ustedes que son espirituales deben restaurarlo con una actitud humilde” (Gálatas 6:1; ver Mateo 18:15). “Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes” (Colosenses 3:13).

Negociación – Aun cuando resolvamos exitosamente temas vinculados a la relación entre las partes, tal vez necesitemos todavía solucionar temas materiales relacionados con dinero, propiedad u otros derechos. Esto debería hacerse a través de un proceso de negociación cooperativa en el que usted y la otra persona buscan llegar a un acuerdo que satisfaga las necesidades legítimas de cada lado. “Cada uno debe velar no sólo por sus propios intereses sino también por los intereses de los demás” (Filipenses 2:4).

Pacificación asistida

Cuando una disputa no puede ser resuelta personalmente, Dios nos llama a buscar la ayuda de otros cristianos.

Mediación – Si dos personas no pueden alcanzar un acuerdo en privado, deberían pedir a una o más personas objetivas de afuera que se encuentren con ellas para ayudarlas a comunicarse más eficazmente y explorar soluciones posibles. “Si [tu hermano] no [te hace caso], lleva contigo a uno o dos más” (Mateo 18:16). Estos mediadores podrán hacer preguntas y dar consejos, pero no tienen ninguna autoridad para forzarlo a aceptar una solución específica.

Arbitraje – Cuando usted y su oponente no pueden arribar a un acuerdo voluntario sobre un tema material, podrán designar a uno o más árbitros para que escuchen sus argumentos y presenten una solución vinculante para resolver el asunto. “Si tienen pleitos sobre tales asuntos, ¿cómo es que nombran como jueces a los que no cuentan para nada ante la iglesia?” (1 Corintios 6:4).

Rendición de cuentas – Si una persona que dice ser cristiana se rehúsa a ser reconciliada y hacer lo correcto, Jesús ordena a los líderes de su iglesia que intervengan formalmente para que la persona rinda cuentas ante la Biblia y para promover el arrepentimiento, la justicia y el perdón: “Si se niega a hacerles caso a ellos, díselo a la iglesia” (Mateo 18:17).